miércoles, 22 de agosto de 2007

MIES VAN DER ROHE: LECCIONES PARA ARQUITECTOS

LECCIÓN 1: PROYECTAR DIBUJANDO
A pesar del tan extendido hábito de proyectar sin apenas dibujar, se hace patente para cualquier arquitecto que ejerza como tal, la necesidad del dibujo en el proceso de proyecto. Y así dibujaba Mies, con un simple carboncillo. No necesitaba de caros portaminas de diseño de bonita apariencia pero de nula competencia en manos poco virtuosas. El dibujo es el medio imprescindible pero no el fin. Paradoja: mientras gran parte los arquitectos se empeñan en vestir informales y hasta extravagantes, también se afanan por rodearse de finos objetos de diseño para trabajar. Justo lo contrario de lo que nos enseña el maestro alemán.
LECCIÓN 2: LA REPRESENTACIÓN DEL PROYECTO
El objeto de proyecto exige para su domino el uso de representaciones figurativas -dibujo, maqueta o render- que permitan conocer como serán las diferentes partes que lo compondrán y la relación entre éstas. La composición moderna es abstracta pero la representación del objeto que se ha proyectado es figurativa, y lo más real posible. Así nos lo muestra Mies y cualquier otro de los arquitectos modernos. Un boceto, del que se pasa al plano bien definido gráficamente, a la perspectiva cónica y a la maqueta figurativa. No se emplea la representación abstracta porque no puede mostrar como es verdaderamente el objeto proyectado.
LECCIÓN 3: EL PROYECTO EN CONSTRUCCIÓN
Para llevar al término deseado el objeto proyectado -es decir a su correcta construcción material- es también imprescindible el continuo seguimiento del proceso constructivo a pie de obra, con el objetivo de que la construcción material se corresponda con el proyecto realizado. Teniendo presente que sin un buen conocimiento de las técnicas constructivas a utilizar es imposible proyectar arquitectura de calidad, llega a categoría de despropósito el que un arquitecto piense que lo que no se ha proyectado correctamente sobre el plano se resolverá sin problemas durante el proceso constructivo.
LECCIÓN 4: LA OBRA CONSTRUIDA
El objeto de todo proyecto de arquitectura es la construcción formal de un objeto que pueda construirse materialmente. Es decir, el fin del proyecto es el objeto construido no su proceso de elaboración. Por lo tanto es ese objeto proyectado el que debe justificar en sí mismo la razón de su propia existencia, mediante la manifestación de los valores universales que el autor -en el subjetivo proceso de concepción- le ha otorgado. En esta magnífica obra de Mies, exponente de la arquitectura moderna, vemos como se ejemplifica esta idea de arquitectura: en su concepción formal, en su construcción material, en su inserción en el entorno en que se encuentra y en los valores que ostenta como obra de arte.
1946. CASA FARNSWORTH, Plano, EEUU. Arquitecto: Mies van der Rohe

10 Comentarios:

Blogger inigougalde dijo...

La verdad es que yo proyecto más cómodo sin la corbata, aunque no voy a darle lecciones al gran Mies (q.e.p.d.)
(¿Es que nadie hace comentarios a esta entrada?)

24 de agosto de 2007, 20:02  
Blogger Álvaro dijo...

En mi opinión, para trabajar es necesario tener la indumentaria y las herramientas apropiadas. Pienso que no es una cuestión de comodidad, sino de adecuación al fin buscado.

En la imagen del seguimiento de obra que hace de la casa Farnsworth se ve como busca una indumentaria apropiadad para ala función que en ese momento debe desempeñar.

Es curioso ver como Mies viste de traje para proyectar pero utiliza como herramienta un simple carboncillo.

24 de agosto de 2007, 20:47  
Blogger inigougalde dijo...

Pues al parecer Jacobsen proyectaba con pajarita (a juzgar por la foto que te pones junto al nombre)
Ya nos decía el Orlando: "Si no tienes corbata ponte un calcetín" (encétera, encétera, encétera...)

Por cierto, hoy he pasado por una construcción que proyectó Miralles para las olimpiadas junto al pavellón de la Vall de Hebrón, y está convertido en vestuarios y bareto de un equipo de fútbol de barrio (como los de "la ker del kalo" cuando jugábamos con el colegio), y totalmente hechos polvo e invadidos por la vegetación... una pena.

25 de agosto de 2007, 19:18  
Blogger Álvaro García dijo...

Iñigo, lo que realmente parece es que te apetece hablar de casi todo menos del tema de la entrada..lástima porque a mi entender, lo publicado aquí da para alguna reflexión seria sobre el sentido profesional del arquitecto de hoy.

Del vestirse adecuadamente para desarrollar una labor profesional, ya te he dado mi opinión.

De lo que comentas sobre ese pabellón abandonado, pues decirte que verdaderamente es una lástima que las parsonas maltratemos con tanta facilidad las cosas materiales aún cuando tienen utilidad, pero teniendo en cuenta la facilidad con la que también maltratamos a las personas que nos rodean tampoco es de extrañar.

3 de septiembre de 2007, 14:06  
Blogger inigougalde dijo...

¿Noes cierto que en algunas fotos, la cara de Mies se parece a la del Rey Juan Carlos I? Sobretodo en esa que aparece de perfil... (perdona Mies)

19 de septiembre de 2008, 18:59  
Blogger Álvaro García dijo...

Nacho -que es más aficionado al buen cine que a la monarquía- siempre ha dicho que Mies posee un gran parecido físico con Alfred Hitchcock.

Por cierto, me he reido mucho con tu comentario. Siempre me ha parecido realmente bueno ese sentido del humor tuyo. Un abrazo.

25 de octubre de 2008, 14:18  
Anonymous Jesus dijo...

Jeje, la casa Farnsworth fué una de sus arquitecturas masturbatorias de Mies. En lugar de darle a su clienta una casa campestre le hizo una modernidad que adolecía de intimidad, de esceso lumínico nocturno que atraía los mosquitos, una susceptibilidad a las inundaciones... eso por hablar de asuntos prácticos.
Otro asunto más serio es lo que representa esa liviandad sobre el suelo y, sin embargo, queda anclado a él por un tubo colector de saneamiento de imposible escamoteo... vamos como un angel de amplias alas atado a su condición humana.

14 de marzo de 2010, 20:42  
Blogger Álvaro García dijo...

Jesús - Muchas gracias por tu comentario y disculpa el retraso en responderte. Respecto a lo que dices, creo que se entiende bien lo que quieres transmitir aunque yo discrepo de cómo has entendido el tema.

Esa caracterización sexual -demasiado soez, por cierto- se podría usar para toda actividad o trabajo realizado con gusto, con lo que poco se dice con ella. Sobre los "asuntos prácticos" pues parece que tienes razón aunque son, exceptuando las inundaciones, temas menores. Además, al mismo tiempo la vivienda aporta otros "asuntos prácticos" muy bien resueltos como la calidad espacial de su interior, la posibilidad de estar siempre disfrutando del paisaje, la plena inserción en la naturaleza que parece lo propio de una casa en el campo, las dos terrazas disponibles, etc.

Tu analogía del ángel no la veo muy acertada. De todos modos, el inevitable colector de color oscuro y simpre oculto en la sombra no creo que ancle la vivienda al suelo más que los ocho pies derechos que la sostienen. De hecho, a mi entender, lo que da esa sensación de liviandad no es que haya o no anclajes sino que éstos tenga un peso visual tan nimio respecto al volumen general del edificio.

P.S. Me he dado un paseo por tu blog, muy interesantes tus videos.

1 de junio de 2010, 14:34  
Anonymous Jesus dijo...

Alvaro, una arquitectura masturbatoria es aquella que sirve para la propia autocomplacencia del arquitecto, aquella que renuncia a interactuar con el propietario/usuario. En absoluto toda actividad puede situarse bajo ése paraguas, mucho menos si es con gusto, para tal cosa se necesita otra opinión y la masturbación es un acto bastante individual.
Es una tautología frecuente el identificar "la riqueza espacial interior" o "la integración del paisaje" con "la diafanidad funcional de usos" o "la transparencia extensiva de los cerramientos". Si ello de por sí fuera meritorio, tal arquitectura mantendría su interés si se radicase en la misma Groenlandia o si fuera encargada por un cliente invidente.
Los "temas menores" y los trapos sucios "ocultos" son síntomas del fracaso que apunto. Un objeto que fue construído para ser vivido y en el cual tal cosa es imposible. Una imagen propuesta llena de gazapos y mentirijillas.
Mies le tuvo hechizada a su clienta con el mismo embrujo que os afecta a muchos. Cuando ella descubrió ser un objeto constructivo más de su obra le demandó en los tribunales.
Alvaro, si miras mucho mi dedo no ves lo que señala.

13 de junio de 2010, 18:45  
Blogger Álvaro García dijo...

Jesús - Me parece muy correcta la acotación que haces al adjetivo masturbatorio, aunque insisto en que el carácter exclusivamente sexual del término lo hace, a mi juicio, totalmente inapropiado para calificar una obra de arquitectura.

Por otra parte, entendí muy bien lo que dijiste en tu primer comentario y, sencillamente, no estoy de acuerdo. Tus objeciones a la casa Farnsworth son ciertas sólo a medias. Es verdad que hay temas prácticos mal resueltos o desatendidos, pero en favor de la atención a otros de mayor entidad que ha posibilitado la existencia de una arquitectura genuinamente moderna que sí resuelve correctamente esas cuestiones prácticas o domésticas.

Y, según lo entiendo yo, éste es uno de los grandes valores de esta obra. Aunque, por supuesto, el primero siempre será la calidad de su construcción formal.

16 de junio de 2010, 13:56  

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